Hay temporadas, o llevo ya bastante tiempo, en los que se despierta en mí un hambre voraz, que solo se calma con un alimento en específico, y que posteriormente me hace sentir mal o con culpa. Era algo innecesario, pero en ese mismo momento me iba la vida en comer aquello.

¿Qué me ocurre?

Actualmente sabemos que a la hora de elegir alimentos existen 3 componentes que nos influyen. Estos son el componente cognitivo, el conductual y el afectivo.

Esto se traduce en:

  1. Una persona tiene el colesterol elevado en una analítica y busca información acerca de que alimentos debe limitar en su ingesta diaria, llevará a cabo una conducta alimentaria específica que ha venido influenciada por el factor cognitivo.
  2. Desayunar o no desayunar por la mañana es una conducta individual.
  3. Comer una onza de chocolate antes de ir a dormir, es un momento de disfrute para muchas personas.

Hoy nos centramos en el componente afectivo, más concretamente en el hambre emocional. La relación entre emociones y alimentos es muy compleja; es una influencia que va en doble sentido. Las emociones y estados de ánimo pueden influir en la manera de comer, pero la forma de comer también afecta a nuestras emociones y estado de ánimo.

Mientras lees estás líneas, seguro que has pensado en emociones como la tristeza y el helado que la acompaña, o el estrés y el chocolate que te lo alivia…

Pero, ¿y si te dijera que las emociones positivas generan más hambre emocional que las negativas?

Este tema lo descubriremos más adelante, hoy nos centramos en cómo puedo identificar si la necesidad que siento es por un estado emocional, por lo que no existe una necesidad de ingesta fisiológica en algunos sitios encontraréis real, pero la realidad depende de cada uno, por lo que no hay que ligar las sensaciones con realidad o no realidad.

¿Qué características tiene el hambre emocional?

El hambre te aparece de repente. Todos hemos tenido días en los que hemos pasado muchas horas sin ingerir alimento, y con el paso del tiempo se van notando sensaciones de hambre graduales, de menos a más. Pero, si la sensación de hambre aparece de golpe, no es hambre fisiológica.

Otra característica, ligada a la anterior es que esa sensación de hambre repentina tiene carácter de rápida satisfacción. Es decir, tienes una necesidad urgente de ingerir un alimento, ya sea dulce o salado.

Lo más común, aunque puede que no ocurre de forma genérica por igual, es que pienses en un alimento en concreto para satisfacer esta hambre repentina.

Otro rasgo característico para saber si estás comiendo por emociones o por necesidad fisiológica, es que comes grandes cantidades o raciones en un periodo corto de tiempo. El proceso de saciedad es tardío, puesto que no ha tenido tiempo tu cuerpo de prepararse, y tampoco ha habido la activación previa a la saciedad de manera fisiológica.

En la gran parte de las ocasiones, una vez realizada la ingesta emocional se produce una sensación de pesadez (gran cantidad de comida e innecesaria para el organismo), culpabilidad e insatisfacción. Tu cuerpo te está dando señales de que hay problemas emocionales no resueltos, y tu mente ha reaccionado intentando aportar satisfacción con alimentos, pero eso no hace que la situación emocional mejore, sino que en la mayor parte de las personas empeora, y se le añade otro problema de conducta alimentaria (en menor o mayor grado).

Hambre Fisiológica

Las señales de esta hambre son opuestas a las anteriores:

  • El hambre aparece de poco a poco.
  • No es necesario satisfacerla de inmediato.
  • Eliges diferentes opciones de comida, y no te obsesionas por un alimento o comida en concreto.
  • Dejas de comer cuando estás lleno.
  • Te sientes bien cuando terminas de comer.